Análisis de la Nations Cup: mal negocio para España

Cualquiera que haya podido ver los tres partidos de España en la Nations Cup que acaba de finalizar en Montevideo ha podido tener la misma percepción que he tenido yo, más cercana o más remota, de ver cómo una España que se comía el mundo ha sellado su pase por Uruguay como un equipo eslabazado, sin rumbo, a la que le cuesta horrores todo. El saldo del paso por el torneo es a todas luces negativo. No hay muchos apartados en los que rascar: ni por resultados, ni por juego, ni siquiera por la exigencia que a los jugadores que deben complementar la aventura de febrero se les puede pedir, España sale bien parada en el análisis.

El partido contra Namibia se yergue como la única victoria (13-15) de las tres oportunidades que ha tenido España. No hay que quedarse en el resultado, pues fue un partido en el que los Leones estuvieron, durante la mayor parte del mismo,  a remolque de una selección que, seamos sinceros, es mundialista porque Kenia -y no hablemos de Madagascar, Túnez o Marruecos- todavía no llega a competir la plaza africana que otorga World Rugby (caridad que no tiene con Asia, por ejemplo). España logró una victoria, sí, pero demasiado ajustada para un equipo al que el resto de competidores ha arrollado. Por lo menos, al tratrse de un test match, España no perdió la semana pasada lo que hace unos minutos ha perdido contra Uruguay: la plaza dieciocho del ranking mundial.

El segundo encuentro, contra Argentina XV (derrota por 37-5), fue testigo de aquello que, de vez en cuando, le pasa a España, un flus fulminante que al segundo ensayo en contra impide a los jugadores pensar más allá. Y es entonces cuando la quimera se propone como cierta materializándose en aquello de “qué mas da cuatro que cuarenta”. Esa lluvia de cinco ensayos en contra no tendría más misterio de no haber sido porque, durante un total de cuarenta minutos, España jugó en campo contrario, atacando pero infructuosamente. Era como ver a quince sísifos, eternamente cerca de su objetivo pero con nulo resultado. Cuando se domina prácticamente el tiempo equivalente a la mitad de un partido y tu defensa es acertada, todos los ojos miran al ataque. España parecía de nuevo aquella misma que, durante los primeros compases del Campeonato de Europa, era incapaz de marcar un ensayo.

Cuesta. Cuesta horrores sumar puntos, pero, por desgracia, tampoco es algo poco común. El esfuerzo titánico no se compensa.  Pero si además esa esterilidad viene acompañada de errores garrafales, ya tenemos una cuenta en la que el XV del León palma. El partido de hoy contra Uruguay (derrota, 24-14) ha sido una oda al despropósito, un monumento a todo lo que podía salir mal y ha salido. La cuestión aquí es saber el porqué. Sinceramente, al séptimo error en el juego a la mano -sobre el minuto 20- he dejado de contar. También he dajado de contar a partir del quinto golpe de castigo que, en contra, ha sido sancionado por diversos errores en la melé. Tampoco recuerdo una melé medianamente buena. Ahora mismo, haciendo memoria, tampoco podría aventurarme a decir con exactitud cuál es el motivo por el que Uruguay ha marcado un ensayo en el primer minuto de la segunda parte. Da lo mismo que España se plante seria en ataque cuando lo más probable es que la jugada cambie radicalmente.

España es capaz de rozar con los dedos el cielo y de caerse al barro con semanas de diferencia. En la Nations Cup, por lo menos, “solo” te juegas la continuidad, el rodaje y el prestigio, porque de las dos últimas ediciones de este torneo poco o nada bueno se puede sacar de nuestro quince. Uno también ya se hace a la idea: personalmente, nunca he dejado de comprar billetes para la montaña rusa que, desde la clasificación al Mundial de 1999 y el descenso de categoría contra la República Checa, castiga mi corazoncito ovalado. Ojalá para febrero estemos en la cima y se nos salga el griterío por la garganta: ¡vamos, Leones!

España ante su ventana estival: ya está aquí la Nations Cup

El XV del León está en Uruguay desde hace unos días para disputar la Nations Cup, que por primera vez se celebrará fuera de suelo europeo. En esta edición, además de los teros como anfitriones y de la selección española, acuden otras dos selecciones absolutas (Namibia y Rusia) y los segundos combinados de Italia y Argentina. España se enfrentará mañana a los africanos a las 16.00 hora peninsular española, para seguir su camino en la competición el miércoles frente a Argentina XV y finalizar el domingo, 18, frente a Uruguay.

El torneo, enmarcado en los internacionales de verano, no podría estar mejor diseñado para los intereses españoles. De los tres rivales a los que se enfrentarán los leones, dos serían más que posibles rivales en una eventual repesca mundialista. Y es que tanto Namibia como Uruguay están inmersas en una situación muy similar a la española, preparando cruces en sus respectivos clasificatorios que pueden desembocar en la disputa de la repesca. Los teros esperan, tras su reciente victoria en el Sudamericano A, al perdedor de la eliminatoria Estados Unidos-Canadá para obtener una plaza directa. Si perdiera, iría a la repesca. Más o menos le pasa lo mismo a Namibia: si no logra conquistar la primera plaza del torneo africano (que podría ser para Kenia) y quedase segunda, también le esperaría la eliminatoria.

Este es solo uno de los motivos por los que la Nations Cup es vital para los intereses de España: conocer de primeras el nivel de tus posibles rivales el año que viene es un gran regalo que no debe desaprovechar. Y es que Rumanía, con la que competimos por esa plaza directa europea, jugará en esta ventana contra Japón, además de contra Canadá y Brasil, actualmente un escalón por debajo de los robles.

Otro motivo a tener en cuenta es la continuidad de partidos. Si España consigue una buena ventana de otoño, llegará con ciertas garantías a febrero, donde se juega el todo o nada contra una Rumanía. Además, tendrá la posibilidad de probar nuevos esquemas y jugadores que puedan aportar a un invierno más que decisivo. El partido de la semana pasada contra England Counties sirvió poco más que para foguear a las jóvenes generaciones: la Nations Cup es otra cosa.

 

España se enfrentará a England Counties en Guadalajara antes de la Nations Cup

El XV del León está preparando su participación en la Nations Cup que tendrá lugar en Uruguay del 10 al 18 de junio y donde España se enfrentará a la selección anfitriona, Namibia y Argentina XV, la segunda formación de los Pumas. Para ello, los leones se están preparando a conciencia con el objetivo de mantener la tensión de cara a los tests de otoño y, sobre todo, probar alternativas de cara a la decisiva vuelta del Campeonato de Europa del año que viene, donde se decide la clasificación al Mundial.

Como parte de esta preparación, España se enfrentará a England Counties en Guadalajara el próximo sábado, 3 de junio (17:00, Estadio Pedro Escartín). El combinado inglés está confeccionado por jugadores que juegan exclusivamente en el County Championship, algo así como la tercera selección inglesa tras la absoluta y los Saxons. No obstante, este equipo es muy reconocido por sus giras internacionales y no es nuevo para la afición española. De hecho, la selección ya se ha enfrentado con ellos en varias ocasiones: en 2008, España perdió 21-15 en Morlaas (Francia) y en 2011, en el marco de una gira española de los Counties, volvió a caer derrotada 55-6 en Valladolid.

Ahora de nuevo se ven las caras en un momento bastante distinto para España, inmersa en una ola de optimismo por sus resultados en el torneo de clasificación al Mundial. Si bien es un partido ideal para probar, hay que tener muy en cuenta que la continuidad de partidos en el calendario es esencial para no perder la concentración. De Montevideo sacaremos conclusiones que habrá que complementar con los posibles test matches que se jueguen en noviembre y diciembre, pero, de momento, la segunda mitad de la temporada comienza el sábado en Guadalajara.

Bélgica o cómo gestionar el éxito

El partido contra Bélgica del sábado (Central, Madrid, 16:00 CET) es el último de todos los óbstáculos que ha tenido (tendrá) España en la primera vuelta del torneo clasificatorio al Mundial. Tras el impulso que supuso la victoria contra Rusia en la primera jornada, el camino que ha seguido el XV del León ha sido por la senda del optimismo. La psicología aplicada al deporte y a las empresas habla ahora del “momentum”, ese espacio temporal que se retroalimenta en su impulso y que es capaz de generar cosas tan positivas como la posibilidad de quedarnos a dos puntos de Rumanía al acabar los partidos de ida. Mientras que lo pragmático sería decir que España estará definitivamente cuando se jueguen las plazas de acceso a Japón, ya que matemáticamente no será quien juegue la eliminatoria de descenso contra el primero del Trophy, la realidad nos lleva mucho más allá: a soñar con una clasificación al Mundial que, incluso, podría ser directa.

Bélgica es la última cita marcada en este calendario del Campeonato de Europa. Tras haber demostrado un crecimiento notorio (sobre todo si lo comparamos con la Bélgica que se llevó un 77-0 de Madrid en 1996), los otros leones (amarillos) han estado muy cerca de ganar a Rusia y a Alemania, que es lo que sí ha conseguido España. Pero al contrario que los nuestros, los belgas han dejado escapar estas oportunidades y tienen que jugarse un posible descenso tras haber logrado solo dos puntos bonus en toda su participación. Por eso Bélgica saldrá a jugar a lo que sabe, quizá esperando un poco de fortuna, que suene la flauta en Madrid y que suene el trombón en Rusia con una posible derrota de los Osos ante Alemania.

Pero la improtancia del partido contra Bélgica reside (cómo no) no solo en que hay que ganar, sino en cómo hacerlo. Cuando en Colonia el sábado pasado Sebastien Rouet lanzó cabreado la pelota cuando el árbitro pitó el final, no podía contener la rabia de perder la oportunidad de un punto bonus. Lo mismo ocurrió en el corrillo después del partido donde solo se acertaba a decir, a remarcar: “y contra Bélgica, cinco puntos”.

Conscientes de la importancia del bonus, España deberá salir a por todas: cuatro puntos pueden quedarse cortos de cara a la segunda vuelta. Las cuentas son simples: si los Leones ganna sin bonus, Rumanía cierra la ida con tres puntos de diferencia. Esto es, con uno más que consiguiera en los partidos de vuelta, habría compensado con creces el error en Alemania. Y ese punto solo sería recuperable si Bélgica perdiera la categoría ante una más que posible eliminatoria contra Portugal y, automáticamente, los partidos contra los belgas dejarían de contar para la clasificación al Mundial. Por el contrario, ganar los cinco puntos aseguraría esos dos puntos de ventaja de Rumanía, pero con la posibilidad de no depender de lo que haga Bélgica para seguir en la carrera mundialista con cierta ventaja. Es más, la única forma de que España dependa de sí misma de aquí en adelante es obteniendo los cinco puntos: quedarse a tres del primero supondría que, incluso ganando todos los partidos y el de los Robles por menos de siete puntos el año que viene, Rumanía seguiría dependiendo de sí misma, y no España.

Cábalas o no, lo que está claro es que todo pasa por ganar a Bélgica. Y luego ya veremos. No hay que echar las campanas al vuelo. Los belgas vienen heridos y con una necesidad imperiosa de salvarse de la quema de junio (partidos por la promoción). El sábado, el XV del León puede dar un nuevo salto. Y si es triple salto, mucho mejor.

España gana en Alemania con el poder de la convicción

Cuando hace un día miraba de reojo a Colonia, firmaba una victoria, pírrica, ajustada a más no poder si con eso España volvía con los cuatro puntos y habiendo derrotado a Alemania en su propio terreno. Un chute de moral, de convicción de que hay vida, y mucha, por delante en este clasificatorio. Cuando de repente ves a los Leones arramplando con cinco puntos en la primer parte, irse con la victoria por dos ensayos de diferencia (15-32) te sabe a poco. Y sabe a poco porque todos los que han desfilado hoy con la camiseta roja han hecho un partidazo, un esfuerzo magnífico que podría haber tenido mejor recompensa, pero que trae mucho más que esos cuatro puntos. De Alemania viene un maul de ilusión, una defensa reforzada que hoy ha actuado como sabe, y con un ataque desconocido hasta ahora, capaz de profanar, no una ni dos veces, ni siquiera tres, sino cuatro veces la meta germana. Podrá haberse perdido una buena oportunidad de sumar un punto extra, pero de momento obliga a Alemania a no confiarse y, de paso, a abrir brecha en un posible desempate por puntos. En definitiva, un cerro de buenos motivos para pensar a lo grande en el partido contra Bélgica del próximo sábado (Central, Madrid, 16:00) y con la posibilidad de quedarse a dos puntos de Rumanía (que hoy suma cinco puntos tras su victoria en Bruselas, 17-33).

Esta tarde, España se ha reinventado demostrando que es mucho más que la mejor defensa del clasificatorio y ha hecho temblar esa convicción alemana con la que se han plantado en el clasificatorio, dejando el partido en el que los teutones ganaron a Rumanía como una anécdota. Hoy se ha visto un equipo, el equipo, el grupo que Santos ha logrado convertir en un conjunto ambicioso y realista, capaz de ir poco a poco, rescatando esa paciencia que parecía haber desaparecido momentáneamente de Guillaume Rouet, afinando el juego al pie, con Belie o con un genial Linklater -acertadísimo-; liderando la delantera con los habituales e infalibles Auzqui, Pinto y Moreno, el liderazgo de los Barrera, Nava, Villanueva y con la chispa de Gibouin, Categlioni, Jorba… y de todos los que cabrían aquí. Y en esas estamos. Y ahí estamos. Y el sábado, en Madrid, seguiremos pensando que el sueño sigue siendo posible.

Foto: DRV/FER

Alemania y España, polos opuestos en Colonia

Este sábado España se juega todas sus posibilidades para seguir luchando el año que viene por una plaza en el Mundial de 2019. Y se la juega frente a Alemania, una selección que ha pasado en poco más de cuatro años de jugar contra Suecia y perder contra Moldavia y Polonia a dar la campanada del clasificatorio de este Mundial al ganar a la poderosa Rumanía.

Con 19 puntos en contra en dos partidos, España es la mejor defensa del torneo de clasificación. Esos 9,5 puntos de media encajados contrastan notablemente con los 33,5 puntos que recibe por partido Alemania, la peor defensa de los cinco equipos inmersos en la lucha por las dos plazas que dan acceso a seguir soñando. Pero aún hay más: el rodillo alemán consigue 37,5 puntos por partido, una cifra muy alta con la que somete a sus rivales a un ritmo que tienen que seguir sí o sí, y que suele acabar con diferencias muy cortas en el marcador. Ser el equipo más anotador del clasificatorio asegura casi siempre alguna de las dos opciones: ganar cuatro puntos o llevarse un bonus defensivo; puntuar en cualquier caso. El XV del León es el otro polo: anota tantos puntos de media como recibe: 9,5, la más baja de todas.

Este extraño equilibrio entre ambos equipos hace que el partido clave del sábado tenga muchos planteamientos y demasiados desenlaces posibles. Una España muy conservadora puede hacer crecerse a una Alemania ofensiva por naturaleza, estilo que ha dado sus frutos ganando todos los partidos hasta ahora valederos para la clasificación y, que si no se corta de raíz, puede acabar con una porcentaje muy alto del juego del partido sobre la mitad roja. Pero está claro que la fortaleza española pasa por su defensa y por aguantar bien plantados como en los últimos partidos, además de aprovechar, como hiciera en el partido contra Rusia de la primera jornada, los errores del rival.

Entendiendo que es muy complicado que alguno de los dos equipos se lleve los cinco puntos de Colonia, el simple hecho de que uno se lleve cuatro (o dos, quién sabe si el empate del año pasado puede repetirse) definirá bastante las posibilidades reales. Si Alemania gana, España queda automáticamente a ocho puntos de los teutones y a unos más que probables diez de Rumanía (que juega en Bélgica, que solo ha estrenado su casillero con dos bonus defensivos). Por ese motivo la victoria española sería más que vital para mantener intactas las posibilidades, un chute de adrenalina con el que empatar en la segunda plaza y llegar a Madrid el 18 de marzo con las mismas posibilidades de ganar a Bélgica que las de Alemania a una Rusia desconocida en su peor cara.

 

España se enfrenta a Georgia sin la presión mundialista pero con mucho que ganar

Hoy el XV del León jugará en Medina del Campo uno de los partidos del año. O casi. La decisión de que los enfrentamientos contra Georgia que jueguen los equipos del Campeonato de Europa no cuenten para la clasificación a Japón 2019 ha descafeinado el que sería el partido del año. Prueba de ello son las convocatorias de ambas selecciones, que han decidido no ir con los habituales, o por lo menos, los que más se han prodigado en sus compromisos importantes.

No obstante, el partido de hoy tiene dos puntos de análisis muy importantes. El primero es el Campeonato de Europa. Sin ser dramático, porque no tengo por qué serlo, la victoria es muy relevante de cara a una clasificación que acaba con el último de la temporada jugándose seguir o no en el camino mundialista. Y tal cómo están las cosas de igualadas, no hay que jugar con fuego, pues dos victorias en esta primera manga no te aseguran nada.

La segunda parte interesante es la de los jugadores que saltarán al campo. Seamos sinceros: al igual que Alemania la jornada pasada, España saldrá con una selección extraña, combinación de veteranos que regresan y jugadores jóvenes que gozarán de más minutos con miras a más que una probable siguiente convocatoria.

El grupo contará con Unai Lasa, Jon Zabala, Javier Canosa, Juan Ramos, Alvar Gimeno y Gauthier MInguillon, mientras que Beñat Auzqui, Jonathan García, David Barrera, Guillaume Rouet, Fabien Perrin, Sebastien Ascarat, Jesús Moreno, Javier Carrión o David González no estarán esta vez en el campo.

Por ello, a pesar de haber descafeinado el partido en lo que al objetivo mundialista se refiere, hoy nos jugamos mucho más que parece. Y la semana que viene, Alemania. Y no es lo mismo ir con el ánimo por las nubes que ir mirando de reojo a lo que hagan hoy teutones y belgas.

 

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